martes, enero 26, 2016

Cold

Hey. Hoy pensé en el cuadro de Pieter Brueghel el Viejo, Los cazadores en la nieve, es precioso. Búscalo. Creo que capta todo lo que quisiera decir sobre el frío. Obvio que en ese paisaje hace frío, pero no de la manera en que lo conocemos ahora. El frío de ahora no es como antes. Hay algo domesticado en cómo sentimos esa temperatura, como si se tratara de un espectro, una manifestación empobrecida del invierno, o quizá sentimos el frío mal, así como vemos mal a un oso polar en el zoológico. No sé si me entiendes, pero cada año que pasa siento que el frío es una anomalía, que es una temperatura en peligro de extinción, que si llega es por lástima. Y sí, sé que tú la pasas mal, que maldices el frío, me acuerdo de cuando fuimos a Ushuaia y lo único que querías era quedarte en la cama cerca del fuego. Y yo quería estar en la nieve, en ese aire luminoso, lleno de astillas de diamante, respirar el invierno, sentirlo fluir en mi sangre, que el frío se cristalizara en mis huesos. Te dejé atrás, te dejé sola, y creo que fue mejor así. Tú quieres lo que se avecina, yo no, yo quiero que los témpanos regresen a los polos, que los continentes dejen de derretirse, que el blanco vuelva a las cordilleras, quiero ver la niebla en mis respiros. A ti no te pienso, pienso en el viento y el hielo, en los filos fractales de la nieve. Deseo habitar en el cuadro del Viejo. Míralo. Busca. En el centro, lejos, se ve apenas un par de puntos caminando hacia un puente curvo que cruza el río, las siluetas de un hombre y de su pequeño hijo, es lo que quiero pensar. Avanzan por un campo nevado, se tropiezan, sienten el frío, al niño le cuesta, la nieve le llega a las rodillas, pero no se detienen, siguen determinados hacia el puente. Quiero ser ese hombre en ese momento invernal, mostrándole el camino a su hijo. Lejos de este lugar, lejos de ti.