Friday, June 26, 2009

ZOMBIE [Alfaguara: abril 2010]

Thursday, April 23, 2009

ZOMBIE [pronto]

Monday, March 23, 2009

LOS VIVOS Y LOS MUERTOS de E. Paz Soldán

Esta es la historia de cuatro manuscritos que llegaron a mis manos durante los últimos cuatro meses y que encontraremos en librerías en el 2009. A mi ver, los mejores libros del año aún no se editan. Hoy: Los vivos y los muertos *.
Leí el manuscrito de la novela de Paz Soldán cuando aún me encontraba en el frío, la nieve y oscuridad del invierno estadounidense. Sin embargo, da lo mismo donde se lea esta excelente novela... el frío, la nieve y la oscuridad vienen con ella. Los vivos y los muertos explora la perturbadora psique que se esconde en la intimidad de las casas, los colegios y las calles del pueblo norteamericano. La novela se ambienta en Madison -un pueblo ficcional en el estado de Nueva York que tiene mucho de Ithaca y Dryden (sector donde vive y trabaja Paz Soldán). La narración formula espacios íntimos de violencia y arma personajes que deambulan perdidos en la desolación frígida del invierno. Los acontecimientos se desarrollan en torno a un hecho real, una secuencia de muertes que sucedieron en pocos meses en un pueblo neoyorquino. Lo extraño del caso surge al conocer la cantidad y la frecuencia de las muertes y la supuesta improbabilidad de que ocurra algo así en un pueblo tan pequeño. No obstante, Los vivos y los muertos no solo logra convencer al lector de esta improbabilidad, lo hace vivirlo, lo transporta, lo obliga a ver la ferocidad y la angustia detrás de la fachada de little America. La vertiente de muerte es irrefutable, la pérdida se reitera, el frío penetra, pero al lector se le niega el entumecimiento. En Los vivos y los muertos, la angustia es una obra de acumulación, los personajes desgarran porque son el producto de una empatía asombrosa. Desde el asesino y sus racionalizaciones enfermizas, los adolescentes y la monstruosidad que les desmembra la juventud, hasta el periodista investigativo que transforma esta novela cuasi-policial en algo más, en una preciosa e inquietante obra maestra. Los vivos y los muertos marcará un antes y un después en la ya brillante trayectoria de Edmundo Paz Soldán.

* A diferencia de los otros manuscritos comentados en este espacio, Los vivos y los muertos ya ha salido al mercado (Alfaguara, 2009). Acaba de ser lanzada en España y se espera que llegue por estos lados en noviembre.

Friday, March 20, 2009

ESTRELLAS MUERTAS de Álvaro Bisama

Esta es la historia de cuatro manuscritos que llegaron a mis manos durante los últimos cuatro meses y que encontraremos en librerías en el 2009. A mi ver, los mejores libros del año aún no se editan. Hoy: Estrellas muertas.
Estrellas muertas fue el último manuscrito en llegar a mis manos. Álvaro Bisama me lo envío por email y abrí el documento como para echarle una mirada al inicio. No acostumbro leer textos largos de la pantalla, pero Estrellas muertas ni me dio la oportunidad de imprimirla. Es una novela que se presenta en dosis, algunos capítulos no son más que dos o tres frases, los más largos no se pasan de dos o tres páginas. Cada dosis te hace más adicto, pero no porque sea una narración vertiginosa ni por el enganche que puede producir una secuencia de acontecimientos. No. Estrellas muertas es una historia de amor, de memoria y de espacios que te perfora con zarcillos y púas para poseerte hasta la última página. Acontece en la década del 90, dentro y fuera de ambientes ideológicos, entre huérfanos militantes que sienten la resaca siniestra de la post-dictadura. Es en esta desolación volitiva y espacial que se encuentran la Jana y el Peña. La atracción que sienten y la relación que se cristaliza da tirones en una dialéctica corrosiva, cada uno ahondándose en identidades postizas y en círculos que de pronto son cripto-ideológicos y a la vez, refugiándose en el regazo del punk, la soledad y el solipsismo.
Estrellas muertas es un recorrido sugerente de espacios ruinosos que posee cierta melancolía feroz y a la vez preciosa. Una historia de amor en que las partes comprenden que el otro es inescrutable, sin embargo, no claudican. Se someten a la violencia y destrucción que exige el intento.

Pronto: Los vivos y los muertos de Edmundo Paz Soldán (Alfaguara, 2009)

Tuesday, March 17, 2009

KALFUKURA de Jorge Baradit

Esta es la historia de cuatro manuscritos que llegaron a mis manos durante los últimos cuatro meses y que encontraremos en librerías en el 2009. A mi ver, los mejores libros del año aún no se editan. Hoy: Kalfukura.
Cuando supe que Jorge Baradit iba a escribir una novela juvenil, inmediatamente pensé en Neil Gaiman y el éxito que tuvo al llevar su mundo a un público más joven. Cuando me llegó el manuscrito, me di cuenta que, a diferencia del caso de Gaiman, Kalfukura es mucho más que una reducción de conceptos apuntada hacia una determinada demografía. Es una pieza clave de la mitología metafísica que Baradit ha estado construyendo y rescatando desde que escribió La conquista mágica de América e Ygdrasil. En la superficie Kalfukura es un ejemplo quintaesencial del viaje mítico, narrado de tal manera que cualquier lector de 12 años en adelante pueda disfrutar de la historia. Sin embargo, justo debajo de la superficie del Chile de Leonardo Caspana (el protagonista de apenas 12 años), vibra un ritmo pre-simbólico e insondable. Esa vibración hace resonancia y te impulsa a acercar el oído a la tierra. En este aspecto, Kalfukura trasciende la novela juvenil y hace que el lector, cualquier lector, reevalúe la manera en que escoge identificarse con su Historia y el lugar en que habita. Incluso, se podría decir que Kalfukura funciona como un antídoto para la amnesia metafísica que prevalece desde la conquista. No se confundan ni titubeen ante la etiqueta de “juveníl”, en varios aspectos Kalfukura es la novela que posee más realismo y significado cultural que ha escrito Jorge Baradit.

Pronto:
Estrellas Muertas de Álvaro Bisama
Los vivos y los muertos de Edmundo Paz Soldán (Alfaguara, 2009)

Saturday, March 14, 2009

EL HORROR DE BERKOFF de Francisco Ortega

Esta es la historia de cuatro manuscritos que llegaron a mis manos durante los últimos cuatro meses y que encontraremos en librerías en el 2009. A mi ver, los mejores libros del año aún no se editan. Hoy: El Horror de Berkoff.
Unos meses atrás me llegó un correo de Francisco Ortega con un archivo adjunto; era el manuscrito de lo que llevaba de su novela, El Horror de Berkoff. Si son lectores de su blog fortegaverso, lo más probable es que se hayan encontrado con uno que otro fragmento del libro.
Una noche, durante las vacaciones, mientras aún me encontraba en el frío y la nieve de Nueva York, me puse a leer el manuscrito. No lo solté hasta terminarlo. Era justo lo que tenía ganas de leer, pero que no había logrado encontrar en las librerías que abundan en aquel país. Una suerte de híbrido siniestro entre lo mejor de Stephen King y lo más inquietante de Lovecraft. No revelaré mucho sobre la trama aparte de decir que aprovecha los ambientes más perturbadores del sur, que los protagonistas son un trabajo de cuidadosa empatía y que algo oscuro y siniestro aguarda en los pasillos, en las calles, y por sobre todo lo demás, en aquella esquina Berkoff.
No sé en qué momento ni con quién Ortega decidirá editar su novela, pero cuando llegue a los anaqueles de las librerías, háganse un favor y lean El Horror de Berkoff. Van a ver que aguardarán la puesta del sol con ansia, que las noches de lectura se pondrán más oscuras y silenciosas, que el terror puede ser un lugar familiar y extrañamente acogedor. Y cuando terminen de leer... cierren las ventanas, apaguen las lámparas y vuelvan a temblar un poco debajo de las sábanas.
Pronto:
Kalfukura de Jorge Baradit
Estrellas Muertas de Álvaro Bisama
Los vivos y los muertos (Alfaguara 2009) de Edmundo Paz Soldán

Friday, November 28, 2008

MYTHOS

Ya es de noche cuando Watson abandona la casa de su amigo. Las lámparas de Baker Street emiten una luz lánguida, la niebla crea una luminosidad fría, agotadora, tísica... Cruza la ciudad, llega a White Chapel, retuerce una punta de su bigote entre el índice y el pulgar. La otra mano toca la pequeña estatuilla negra que guarda en el bolsillo... acaricia la fisonomía del artefacto. Es una figura curiosa, antigua, polimorfa... tentáculos brotan de la cabeza y alas de la espalda. Se corta el dedo al presionar contra una orilla filosa. Maldice. Saca su mano del bolsillo y se lleva la herida a la boca. Sabe bien... pero no es su propia sangre la que anhela. Se esconde en un callejón. Watson está seguro... el asesino de White Chapel, aquel destripador, vendrá. Y cuando llegue, se alimentará de él, beberá de sus arterias hasta la aurora, dejará su cadáver límpido sobre los adoquines húmedos y mugrientos... y entonces... solamente entonces, la figura que lleva en su bolsillo crujirá.

Monday, November 24, 2008

Reflexiones apocalípticas desde la sala de espera de mi dentista

El fin del mundo no será la destrucción holocáustica que todos esperan... no. Cuando todo esté por acabarse, lo sabremos con anticipación. Quizás sepamos un día antes o quizás solamente se nos dé unos minutos de advertencia, pero da igual. Algunos amanecerán con la certeza de que va a ocurrir, otros lo descubrirán de distintas maneras: anunciado en el fondo de una Cajita Feliz, comunicado a modo de despedida por el meteorólogo al cerrar su segmento, profetizado por un ejército de indigentes, o simplemente uno que otro leerá su horóscopo... da lo mismo.
Cuando llegue el momento, todos sabremos a donde ir, en qué lugar colocarnos, cómo aguardar el fin de los tiempos. Y cuando estemos cómodos en nuestros espacios designados, es posible que esperemos días, años, décadas... y no ocurra nada. Eso está bien. No importa. Sería un error pensar que la ausencia de un evento signifique que el mundo no se haya acabado.
imagen: Parkeharrison

Sunday, November 23, 2008

[the archives]: Lejanía

A veces sobrevuelo aquellas colinas que se alzan en las orillas más remotas del páramo. Me quedo ahí flotando en mi nave. Observo los cuervos y me imagino el aullido de una bestia solitaria.
Se asoman unas nubes oscuras.
Al alejarme, la propulsión ennegrece el declive del cerro.

Wednesday, November 19, 2008

EL PÚGIL: There can be only one...

En el Capítulo IV de El púgil hay una escena en que el protagonista, Art (Major Tom), se acuerda de una noche en la que tuvo que llevar a un amigo al set de Highlander II porque lo habían contratado de extra para la cinta. Este episodio está inspirado en un evento verídico: un compañero mío de curso en Argentina, Ray Miller, es el amigo que había conseguido la parte descrita; pasó la noche entera en un sector ruinoso de Buenos Aires (si no me falla la memoria, fue cerca de Retiro) para aparecer solamente un par de segundos en la película. Hoy me pasó esta foto del set de Higlander II en Buenos Aires (él es el tercero, con las gafas protectoras). El otro individuo que aparece en la misma secuencia de la novela es un chileno, profesor de matemática... mi profesor de matemática. Él también sale en la cinta haciendo de juez galáctico.
Álvaro Bisama asegura que El púgil es una novela realista, de cierta forma esta sería una cosa más que apoya su tesis. Por lo previo, decidí acompañar la imagen con el extracto correspondiente de El púgil...



—sí, major tom. era justamente por aquí. acuérdate. le hacías un favor a un amigo. svss… there can be only one… te encontraste con la ciudad esa noche. sí…
La voz de Hal lo relajó… las náuseas se desvanecieron… Fue una noche similar, oscura, pero sin lluvia, se acordaba del desconcierto que había sentido al ingresar a ese barrio. Un amigo con quien había ido al colegio le pidió que lo llevara al mismo sector que ahora atravesaban; había conseguido un rol de extra que duraba exactamente 1,48 segundos en Highlander II: aquella continuación lamentable que por alguna razón, probablemente estética y económica, se filmó en Buenos Aires. Al llegar al lugar del rodaje entraron a un espacio iluminado por luces de alta potencia. Más allá de los límites alumbrados, la ciudad se perdía en las sombras. El ambiente estaba ajetreado; técnicos desenredando cables, calibrando luces y cámaras, actores paseándose, recitando sus partes y asistentes del director intentando coordinar el caos que se desenvolvía ante ellos. Un tipo portando un sujetapapeles se les acercó y les dijo que debían esperar fuera del trailer de maquillaje. Hicieron caso. Estaban tan desorientados que tener donde ubicarse, fuera donde fuera, era un alivio. Al llegar a la instalación se encontraron con un ex profesor del colegio; un chileno santiaguino que les había hecho clases de matemática en la secundaria. Le habían dado un papel menor, interpretando un juez galáctico o algo por el estilo; obtuvo el rol porque se afeitaba la cabeza y, en esos años, un look así se consideraba subversivo. A los pocos minutos llegaron unos tipos de vestuario. Sin decir nada y con una solemnidad que bordeaba la reverencia, le pusieron una túnica negra al profe y maquillaron a su amigo, tratando de darle un aire de pandillero cyberpunk del futuro (con gafas protectoras de goma —así tipo Mad Max— y todo lo demás).
Hubo silencio. La música de Joy Division se había detenido. Hacía muchos años que Art no se acordaba de esa noche con su amigo y el profe, sin embargo, había algo que le había dicho el chileno en ese lugar, algo que lo afectó profundamente. Quiso recordar las palabras exactas del profe. No pudo. Sintiéndose un poco desorientado, buscó un punto de referencia, buscó el sonido de las ruedas contra el pavimento. Nada. En su lugar halló un chillido giratorio. Apenas se percibía. Salía de las profundidades alámbricas de Hal; sonaba como la rotación dificultosa de rodillos, como si en su interior se hubiera activado una casetera secreta, una grabación del pasado. Primero, estática. Luego, una voz.
—svsvsssjjjhhh… no sé, hueón, yo prefiero Twilight Zone… el original por supuesto, blanco y negro, con el tipo ése… el cejudo bien vestido que se la pasaba fumando, siempre salía al comienzo… se me fue el nombre del hueón…
—Serling, Rod Serling.
—Sí, ese mismo. El hueón era un genio, hueón, ¿sabías que escribió muchos de los episodios de La dimensión desconocida? Bueno sí, así fue… genial el tipo. Uno de mis capítulos favoritos fue escrito por él, ese sobre la familia y su robot, un robot que se vuelve malo, no sé, de esas típicas historias en las cuales el androide viola su Directiva Prima, hueón, la famosa Prime Directive… tú sabes, eso de las tres reglas que tienen los androides jjhhh…

—major tom. tú sabías exactamente de lo que hablaba el profe. svss… conocías muy bien el prime directive:
directiva I: un androide jamás le causará lesión a un ser humano.
directiva II: un androide obedecerá a su amo, siempre y cuando no viole la directiva I.
directiva III: un androide se protegerá de cualquier daño, siempre y cuando no viole las primeras dos directivas.

—jjhhh… al cabo siempre queda la cagada porque el robot se potencia con la Tercera Directiva, el hueón se obsesiona tanto con la autopreservación que, no sé, de una forma u otra cobra autoconsciencia, tú sabes, modelo defectuoso, una descarga eléctrica, un creador que le dio un chip extra especial, lo usual… en todo caso la Tercera Directiva pasa a ser la única que importa, tiene sentido, ¿no? digo, hueón, esa es la única directiva que me importa a mí, si en fin somos todos unos androides con cibernética orgánica ¿o no? en todo caso, yo ni estoy muy seguro de que todos seamos tan autoconscientes como presumimos ser… el test de Turing sería un buen inicio, el hueón se ideó una prueba para discernir la existencia de inteligencia artificial, así tipo el Voight-Kampff Test de Blade Runner, buenísima ¿no?, pero en este caso se pone una máquina supuestamente inteligente en una habitación y un hueón en otra, después un árbitro se comunica con ellos vía teletipo, sin saber cuál es cual, los interroga por varios minutos… ¿me sigues?... y bueno, al término del diálogo, si el árbitro no puede distinguir cuál es humano y cuál es mecánico, se determina que la máquina es efectivamente inteligente. No sé, hueón,… no creo que me haría un test así, qué pasa si me dicen que no soy autoconsciente, ¿qué hago, hueón?
—acuérdate, major tom. no tenías respuesta. te alejaste. te asustaste. te sentiste aludido. svss… sí. fue en esa época que dudaste. sí. tu mente titubeó. vacilaste ante el espejo. lo del profe fue inadvertido. pero lo dicho surtió efecto. te alejaste de las luces. aprovechaste el momento. exploraste el sector de rodaje. lo encontraste bárbaro. era un cruce de calles angostas. svss… edificios antiguos. ruinosos. dilapidados. con fachadas negras. cicatrizadas. recubiertas de hollín. esa fue la primera vez que te diste cuenta. que tu ciudad era… distinta. su rostro registraba lo que ocurría. dentro de sus límites. te quedaste observando los edificios. por un rato. svss… de a poco empezaste a sentirlo… te devolvían la mirada. sí.
—…
—te fuiste de ese lugar. sin avisar. dejaste a tu amigo y al matemático… a sus suertes. svss… después... ese otoño. el profe ve un episodio de animación japonesa. en su casa… tarde. de noche. las luces apagadas. animé… sí. el brillo de la televisión relampaguea. durante la transmisión sufre un ataque. le da convulsiones. pierde el habla. jamás se recupera. svss…

Monday, November 17, 2008

[the archives]: TRACTATUS ZONE

El 6 de octubre de 1955 fueron detenidos Ludwig Josef Johann Wittgenstein y Rodman "Rod" Edward Serling. En la operación realizada por la Policía de Investigaciones, se decomisó una cantidad indeterminada de armas blancas y siete cajas de guías para jugar Calabozos y Dragones.
La pareja inmigrante había establecido una colonia en las afueras de Punta Arenas en 1958. En menos de dos años lograron atraer a más de doscientos colonos, sin embargo, los seguidores de Wittgenstein y Serling no fueron recibidos con hospitalidad; habían despertado sospechas y desconcierto entre los habitantes de Punta Arenas. El hermetismo de la colonia solo sirvió para animar el malestar y la paranoia. Al tercer año el alcalde de la ciudad cedió ante la presión y consiguió que se emitiera una orden de registro. Después de una investigación preliminar, se determinó que los colonos y sus líderes, Wittgenstein y Serling, eran los artífices de un complot siniestro. Planeaban atacar la ciudad de Punta Arenas, exterminar sus habitantes y establecer una ciudad-estado emancipada de la republica chilena.
Lo más insólito del caso se detalló en el informe policial: después de escudriñar una pila de archivos que hallaron debajo del catre de Wittgenstein, descubrieron un dossier que describía cómo se preparaban para la invasión de Punta Arenas—las estrategias que pensaban usar se determinaban en una serie de partidas de D&D; existe evidencia de que realizaban sesiones del juego de rol tres veces al día ante la presencia de un cronista que registraba cada detalle de las campañas imaginarias.
Pensaban atacar sin armas de fuego.

Extracto de La Historia Austral 1940-1960, ediciones Zig-Zag.

Sunday, November 16, 2008

SOCIEDAD DUNWICH [La Caldera]

La Sociedad Dunwich se reúne cada 8 de octubre en las afueras de San José de Maipo, cerca de la ribera del río Ogth. Los pobladores de la zona dicen que cada año se puede oír el rumor de los ritos, un susurro colectivo en un lenguaje tan arcaico que ni los Antiguos entienden lo enunciado. Dicen que al llegar la fecha se puede distinguir una penumbra detrás de la Caldera—una colina negra con forma de domo que se alza cerca del pueblo. Al inicio de mi investigación hablé con un arriero que jura haber atestiguado uno de estos conclaves nocturnos. Dijo que los miembros de la Sociedad estaban congregados con antorchas y que vestían trajes curiosos, que estaban parados en una formación ovalada, guardando silencio. El fuego era mudo, la leña no crujía, los grillos no se atrevían a violar la solemnidad y el aire se había paralizado. Fue en ese momento atemporal que ocurrió algo que aún lo acecha. El suelo comenzó a alzarse, formado un montículo de tierra para luego descender en una cavidad circular... se reiteró una y otra vez como si la tierra misma estuviese respirando. Sintiendo un pavor irrefutable, intentó alejarse de la Caldera, pero antes de que pudiera huir de aquel lugar insacro, los fuegos se extinguieron, los astros se ocultaron y la noche, negra como la brea, lo envolvió... y solamente entonces, en la más oscura de las oscuridades, pudo distinguir lo que se asomaba por la cavidad... poseía una luminosidad siniestra, un cuerpo ciclópeo que se traslucía, huesos carbonizados, uñas y dientes en lugares aberrantes, ojos insondables que desafiaban el tiempo... Antes de perder el conocimiento, escuchó un ruido inefable que emergía de la garganta negra, un ritmo sacrílego que le distorsionó el pulso... Desde entonces siente que sombras largas y volubles fluyen por sus arterias.
El viejo arriero me contó esto en el regazo de la Caldera, nuestros rostos iluminados por las llamas de una fogata... Esa noche comprendí que en sus pupilas pálidas y en su carne temblorosa yacía algo que ahora deseaba ignorar. Jamás volví a esa colina.

Wednesday, November 12, 2008

EL PÚGIL en Francia [con traducción]

Fragmento de artículo escrito por Juan Ignacio Muñoz Zapata (Universidad de Montreal) para la revista académica de literatura comparada, "Écritures jeunesse" (émanation de la Revue des lettres Modernes: Francia). UPDATE: Al final del texto original, agregué una excelente traducción, cordialidad de Nycteris.

Mike Wilson Reginato et les combats critiques du méta-cyberpunk

Le savoir culturel de la science-fiction contemporaine arrive à son paroxysme avec El Púgil (Le pugiliste) de l’auteur argentin résidant au Chili, Mike Wilson Reginato. Somme encyclopédique d’une seule centaine de pages, ce roman de 2008 raconte la vie d’Art, un boxeur qui, au milieu d’un combat, fond en larmes devant son adversaire et le regard incrédule du public. Ce geste inexplicable marque la fin de sa carrière sportive. Le lendemain, après s’être levé avec un souvenir vague, Art entend la voix de son réfrigérateur couleur vert olive, lequel s’avère être le corps temporaire d’une intelligence artificielle qui cherche à se construire un aspect plus humain. Art, ou « Major Tom » comme le baptise ce réfrigérateur qui se fait appeler « Hal », entreprend alors une sorte de voyage joycien afin de trouver les pièces pour compléter le corps de son ami dans une ville de Buenos Aires qui n’est qu’un palimpseste de la culture pop. On trouve donc dans le roman des emprunts mot à mot au cinéma hollywoodien et à la littérature de science-fiction (surtout au film de Steven Spielberg, Intelligence Artificielle, et à la préface de Roger Zelazny dans le roman de Philip K. Dick Les androïdes rêvent-ils de moutons électriques ?) et au rock alternatif (Radiohead, avec les paroles de la chanson « Paranoid Android ») ainsi qu’un amas de références à la BD, à la littérature argentine, au canular radiophonique d’Orson Welles, aux batailles intergalactiques de l’Atari, aux jeux de Dragons et Donjons et à l’animé japonais.
La fin d’El Púgil renvoie à son début : le boxeur réapparaît sur le ring en tombant sur ses genoux. Mais, cette fois, au lieu de fondre en larmes, il agit ainsi afin d’accueillir un protocole robotique – la formule « Cirrus, Socrate, particule, décibel, ouragan, dauphin, tulipe, Monica, David, Monica » utilisé dans le film de Spielberg. Dans la simulation du combat par lequel débutait le roman, il y a aussi la présence de Hal qui, ayant déjà acquis les extrémités pour se déplacer, active de ses doigts le protocole sur la nuque du boxeur afin que la mémoire de celui-ci s’efface, à l’exception de deux souvenirs : le sourire d’Alicia, une fille aux cheveux bleus ayant accompagné le héros durant une partie du périple, et l’amour de David, l’enfant robot qui a toujours voulu être un enfant humain pour se faire aimer de sa mère Monica. Quant à Hal, il se révèle être la réincarnation de Dardo, un ancien compagnon d’Art dans la guerre des Malouines, le conflit territorial entre l’Argentine et l’Angleterre en 1982. Or, le jeune Art avait justement aidé ce compagnon à mettre fin aux souvenirs douloureux de la guerre dans un cinéma abandonné de Buenos Aires en 1986.
Rien n’est stable dans ce roman parsemé de réflexions sur la nature indistincte entre automates et humains : la mention des lois robotiques formulées par Asimov, la comparaison de la figure du robot à l’assujettissement de l’individu à la société et au pouvoir, la présentation de la mémoire et des souvenirs comme un voyage mental, temporel et cybernétique, etc. Avec l’utilisation ininterrompue de la mise en abîme – exemplifiée dès le début du roman par le paradoxe électromagnétique de la caméra qui filme le moniteur qui projette les images qu’elle filme – Reginato produit une série de secousses au principe de l’identité, secousses qui se lient ainsi au développement cognitif et psychologique de la jeunesse, et décentralisent en même temps la figure immuable du rebelle cyberpunk. Ainsi, dans un niveau plus méta-cyberpunk que (post)cyberpunk, El Púgil transforme le savoir technologique des nouvelles générations dans un langage culturel dont les codes sont conformés par la confluence de plusieurs médias (littérature, cinéma, musique, jeux vidéos) en établissant un dialogue avec l’appareil conceptuel du cyberpunk et de la cyberculture. Il en est par ailleurs de même dans le cas du post-humanisme.
N. Katherine Hayles, se référant au développement de la cybernétique dans la dernière moitié du XXe siècle, identifie trois aspects qui déterminent la culture contemporaine : 1) la dématérialisation ou perte du corps de l’information, 2) le statut iconique du cyborg et 3) l’avènement du post-humain[1]. Si les deux premiers aspects se repèrent facilement dans le cyberpunk, le dernier semble une conséquence philosophique implicite dans les deux premiers. Le post-humain est une constellation d’idées dans lesquelles on considère : 1) les conditions matérielles et biologiques comme un accident de l’histoire, 2) la conscience humaine comme un épiphénomène n’offrant qu’un point de vue partiel sur un grand tout, 3) le corps comme une prothèse manipulable et malléable et 4) l’humain comme un dispositif pouvant être interconnecté à la machine et ne se distinguant pas d’elle. El Púgil permet au lecteur de se faire une grille et de cocher chaque caractéristique du post-humanisme. Par exemple, dans le grand cyborg qui est construit à la fin du roman, on peut voir : 1) la manipulation de la vie et du corps à travers la connexion entre le cadavre d’Alicia et le cœur mécanique de David-Art, 2) l’effacement de toute matérialité possible à travers l’accomplissement de cette connexion dans l’esprit d’Art-Major Tom et 3) l’interface homme/machine à travers la fusion des doigts de Hal-Dardo dans le corps du boxeur. Tout cela sans compter la motivation qu’ont les personnages de trouver « aquella singularidad en que se originan los pensamientos »[2] (cette singularité qui est à l’origine des pensées).
Cependant, El Púgil propose aussi une promenade à travers « una arqueología de fantasía »[3] (une archéologie fantastique) dans une « capital sin habitantes »[4] (capitale sans habitants) permettant ainsi de sortir de l’impasse post-humaniste, source de la puérilité et de l’anxiété culturelle que Porcayo critiquait à travers l’allusion aux prothèses et à la vision cyborg et qui apparaissait de manière récurrente dans le premier cyberpunk. L’archéologie, si l’on se tient dans un système foucaldien, est un système de règles non écrites décrivant le passé et produisant les discours des Autres, des ancêtres, des adultes. El Púgil pourrait se lire plutôt comme une « généalogie », comme histoire du présent, mais le caractère fantastique et fascinant de ce petit roman est que la ville est vide, hors de la loi et hors des formes du pouvoir, donnant libre cours à la question « qui sommes-nous » que le même Foucault lisait comme forme d’actualité dans la réponse kantienne à la question « Qu’est-ce que les lumières? ». Archive et critique de l’actualité, El Púgil est la bibliothèque fantastique devenue médiathèque, musicothèque, vidéothèque et arcade où les jeunes trouvent une place pour résoudre, non pas la question « sommes-nous devenus post-humains? », mais « qui sommes-nous? ».
[1] K. Hayles, How we became posthuman. Virtual bodies in cybernetics, literature, and informatics. Chicago, The University of Chicago Press, p. 2
[2] M.W. Reginato, El púgil, Editorial Forja, Santiago de Chile, p. 51
[3] Ibid. p. 63
[4] Ibid. p. 57

Mike Wilson Reginato y los combates críticos del meta cyberpunk.

El saber cultural de la ciencia ficción contemporánea arriba a su paroxismo con El púgil, del autor argentino residente en Chile, Mike Wilson Reginato. Suma enciclopédica de sólo una centena de páginas, esta novela del 2008 cuenta la vida de Art, un boxeador que, en mitad de un combate, rompe en lágrimas frente a su adversario y la mirada incrédula del público. Este gesto inexplicable marca el fin de su carrera deportiva. A la mañana siguiente, después de haberse levantado con un vago recuerdo, Art escucha la voz de su refrigerador verde oliva, que dice ser el cuerpo temporal de una inteligencia artificial que busca construirse un aspecto más humano. Art o « Mayor Tom » como le bautiza el refrigerador que se hace llamar “Hal”, emprende una suerte de viaje joyciano a fin de encontrar todas las piezas para completar el cuerpo de su amigo en una ciudad de Buenos Aires que no es más que un palimpsesto de cultura pop. Uno se encuentra en la novela con préstamos palabra a palabra del cine hollywoodense y la literatura de ciencia ficción (sobre todo del film de Steven Spielberg, Inteligencia Artificial y el prefacio de Roger Zelazny en la novela de Philip K. Dick “Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”) y el rock alternativo (Radiohead, con la letra de la canción « Paranoid Android ») además de una pila de referencias a comics, literatura argentina, la farsa radiofónica de Orson Welles, batallas intergalácticas de Atari, a Calabozos y Dragones y el animé.
El fin de El púgil reenvía a su inicio: el boxeador reaparece sobre el ring cayendo sobre sus rodillas. Pero esta vez, en lugar de romper en lágrimas, termina por acogerse a un protocolo robótico, la fórmula: «Cirrus, Sócrates, partícula, decibel, huracán, delfín, tulipán, Mónica, David, Mónica» utilizada en el film de Spielberg. En la simulación del combate con el cual debuta la novela, está también la presencia de Hal, que, habiendo adquirido ya extremidades para desplazarse, activa con sus dedos el protocolo sobre la nuca del boxeador a fin que la memoria de aquél se borre, a excepción de dos recuerdos: la sonrisa de Alicia, una chica de cabellos azules que acompañó al héroe durante una parte de su periplo y el amor de David, el niño robot que ha querido siempre ser un niño humano para hacerse amar por su madre Mónica. En cuanto a Hal, revela ser la encarnación de Dardo, un viejo compañero de Art durante la guerra de las Malvinas, el conflicto territorial entre Argentina e Inglaterra en 1982. Ahora bien, el joven Art había ayudado justamente a este compañero a poner fin a los recuerdos dolorosos de la guerra en un cine abandonado de Buenos Aires en 1986.
Nada es estable en esta novela salpicada de reflexiones sobre la naturaleza indistinta entre autómatas y humanos, la mención de las leyes robóticas para Asimov, la comparación de la figura del robot a la dependencia del individuo a la sociedad y el poder, la presentación de la memoria y de sus recuerdos como un viaje mental, temporal y cibernético, etc. Con la utilización ininterrumpida de secuencias (ejemplificada desde el comienzo de la novela por la paradoja electromagnética de la cámara que filma el monitor que proyecta las imágenes que ella filma) Reginato produce una serie de sacudidas al principio de la identidad, sacudidas que se ligan también al desarrollo cognitivo y sicológico de la juventud y descentraliza al mismo tiempo la figura inamovible del rebelde cyberpunk. Así, en un nivel más metacyberpunk que (post)cyberpunk, El Púgil transforma el saber tecnológico de las nuevas generaciones en un lenguaje cultural donde los códigos son transformados por la confluencia de numerosos medios (literatura, cine, música, juegos de video) estableciendo un diálogo con el aparato conceptual del cyberpunk y la cibercultura. Es por otra parte el mismo caso lo que sucede con el poshumanismo.
N. Katherine Hayles, refiriéndose al desarrollo de la cibernética en la última mitad del siglo XX, identifica 3 aspectos que determinan la cultura contemporánea: 1) la desmaterialización o pérdida del cuerpo de la información, 2) el status icónico del cyborg y 3) el advenimiento de lo post humano [1]. Si los dos primeros aspectos se observan fácilmente en el cyberpunk, el último traza una consecuencia filosófica implícita en los dos primeros. Lo post humano es una constelación de ideas que considera: 1) las condiciones materiales y biológicas como un accidente de la historia, 2) la conciencia humana como un epifenómeno, que no ofrece nada más que un punto de vista parcial sobre un gran total, 3) el cuerpo como una prótesis manipulable y maleable y 4) lo humano como un dispositivo que puede estar interconectado a la máquina y no se distingue de ella. El Púgil permite al lector hacerse un cuadro y marcar con una cruz cada característica del post humanismo. Por ejemplo, en el gran cyborg que es construido al fin de la novela, podemos ver: 1) la manipulación de la vida y del cuerpo a través de la conexión entre el cadáver de Alicia y el corazón mecánico de David-Art, 2) el borrado de toda materialidad posible a través del cumplimiento de esta conexión en el espíritu de Art-Mayor Tom y 3) el interfaz hombre máquina a través de la fusión de los dedos de Hal-Dardo en el cuerpo del boxeador. Todo aquello sin contar la motivación que tienen los personajes de encontrar « aquella singularidad en que se originan los pensamientos » [2].
Sin embargo, El Púgil propone también una caminata a través de una « una arqueología de fantasía » [3] en una « capital sin habitantes » [4] permitiendo así salir del impasse post-humanista, fuente de la puerilidad y ansiedad cultural que Porcayo criticaba a través de la alusión a las prótesis y la visión cyborg y que aparece de manera recurrente en el primer cyberpunk. La arqueología, si nos atenemos en un sistema foucaldiano, es un sistema de reglas no escritas que describen el pasado y producen el discurso de los Otros, los ancestros, los adultos. El Púgil se podría leer más como una « genealogía », que como una historia del presente, pero el carácter fantástico y fascinante de esta pequeña novela es que la ciudad está vacía, lejos de la ley y de las formas del poder, dando libre curso a la pregunta « quiénes somos nosotros » que el mismo Foucault leía como forma de actualidad en la respuesta kantiana a la pregunta « ¿Qué son las luces? ». Archivo y crítica de la actualidad, El Púgil es la biblioteca fantástica devenida mediateca, musicoteca, videoteca y galería de videojuegos donde los jóvenes encuentran un lugar para resolver, no la pregunta « ¿Hemos devenido post humanos?», sino « ¿quiénes somos? ».

Thursday, October 30, 2008

70 años: La Guerra de los Mundos... de Orson

Entre mi padre y yo hay una brecha generacional considerable. Él pasó su niñez en una granja en Oregon, EE.UU. Desde los ocho años, se levantaba a las 4 de la mañana para salir a la oscuridad, ir al granero y ordeñar vacas. La granja estaba aislada, lejos de la ciudad, lejos de todo... Las noches eran indescriptibles, él entendía como era ver aquel firmamento impoluto y sentirse aplastado por los astros. Antes de acostarse escuchaba su programa de radioteatro favorito, The Shadow, para luego dormirse con los rastros de temor grabado en su rostro. Me gusta pensar que al escuchar, mi padre miraba el cielo nocturno por la ventana, que la granja en que vivía era como aquella en Grover’s Mill, Nueva Jersey, que en una noche particularmente oscura una sombra ciclópea haya cubierto su campo, ennegreciendo las estrellas... Qué habrá pensado al sentir el impacto; una onda de choque que estalla las ventanas, extingue las lámparas, que vibra en su pecho. Controla el pánico y se asoma con pausa entre los vidrios rotos, ve una penumbra pulsar en el interior de un cráter que cicatriza el terreno, sale corriendo descalzo hasta la orilla del holocausto para maravillar ante el objeto siniestro —un cilindro metálico... una cápsula apocalíptica.
Mientras el niño que un día sería mi padre se detiene ahí, alejado del mundo, contemplando el evento inefable, mientras un vapor oscuro y primigenio se alza de la tierra herida... una voz tremenda, monumental y monstruosa se desborda de la radio... viola la inocencia, contamina la geografía e inserta un precioso pánico en la psique de Grover’s Mill, en el campo de Oregon... en el mundo entero.

Vean aquí un especial notable de los 70 años de la transmisión radial preparado por Alberto Rojas en EMOL. Junto con textos de Francisco Ortega y Jorge Baradit, sale el lado B de este post.

Friday, October 17, 2008

[the archives]: Cenicero

Ayer me encontré con Rod Serling. Sí, ya sé, está muerto, pero yo no soy prejuicioso. Lo vi parado en la esquina de Pedro de Valdivia con 11 de Septiembre. No hacía nada más que fumar. En su mano izquierda sostenía un cenicero de vidrio pesado. Me dio la impresión de que se lo había robado del lobby de algún hotel. Me acerqué.
—Sr. Serling… soy un fan de su trabajo.
No me miró. Siguió fumando.
Algo avergonzado, empecé a retirarme, —Disculpe, no era mi intención molestarlo.
Me tocó el hombro y me dijo, —Espera.
—¿Sí?
Soltó otra bocanada de humo.
—Déjame en paz.
Fruncí el ceño.
—Pero si estaba por irme.
—No. No así…
—Perdona, pero no entiendo.
Se acercó a mi rostro, su aliento era cálido y olía a incendio eléctrico. Susurró.
—Deja de hablar de mí, deja de imaginarme, no escribas más. No quiero estar acá en esta esquina sudamericana, fumando sin tregua… ni quiero que sigas vistiendo mi carne blanca y monocromática en este traje negro… con esta corbata delgada.
Asentí y me retiré sin volver la mirada.
Ahora no puedo dejar de visualizar su rostro. Tiene la piel craquelada, opaca, sus ojos no reflejan… tiene los labios partidos… costras negras. Sé que le hago mal.
No deseo volver a encontrarme con él.

Sunday, October 12, 2008

Triciclo

A la vuelta de la cuadra había un niño que andaba en un triciclo rojo. De noche, cuando ya estaba acostado, por mi ventana escuchaba el chillido de los pedales y el zumbido de las ruedas contra el pavimento. A esa hora las calles estaban oscuras y abandonadas. A veces, mientras pedaleaba, hacía sonar el timbre de aluminio con el pulgar.
El jueves pasado, mientras andaba, lo tragó la tierra. Escuché un gruñido y me asomé por la ventana. Entre las sombras, vi como él y su máquina se hundían debajo de la acera. No quedó rastro alguno.
Desde entonces las noches se han ennegrecido, su ausencia no me deja dormir...

Wednesday, September 24, 2008

[the archives]: El Gran Akhilesh

Cuando cumplí ocho años mis padres me celebraron la ocasión con una fiesta. No invitaron a niños de mi edad. Había cosas valiosas y frágiles en la casa. Llegaron algunos tíos y colegas de la oficina de mi padre. Los regalos que me trajeron no eran lo que esperaba... calcetines, un jabón pequeño y tres peines de acero. La semana anterior le había contado a mi mamá que quería que un payaso animara la fiesta, con globos, chistes, trucos y todo eso. Ella no maneja bien el tema. Contrató a un freak; un fenómeno de circo llamado El Gran Akhilesh. Los adultos ni se fijaron y me dejaron a solas con él.
-Diviértete hijo y no seas exigente con el payaso- dijo mi padre sin mirar al hombre que había entrado a nuestra casa. Me pellizcó el mentón y salió al patio con los demás invitados.
El Gran Akhilesh se sentó sobre la alfombra con la piernas cruzadas. Yo lo imité. Me observó un rato sin parpadear, sin decir nada. Afuera los adultos tomaban distraídamente, conversaban y se reían. Se habían olvidado de mí. El Gran Akhilesh se acercó, su aliento apestaba a comida mexicana, me susurró algo con un acento exótico, fingido... lo que me dijo era irrefutable. Sin esperar mi reacción, se puso de pie y se retiró. Poco después los invitados se fueron y mis padres se acostaron. Yo quedé sentado sobre la alfombra del living.
Trabajé en la oscuridad, metódicamente metí la barra de jabón en uno de los calcetines y lo empecé a mascar hasta que logré tragármelo entero. Me saqué la camisa y me enterré los peines. Uno en la frente y los otros dos en los hombros. Fui al baño y me envolví la cabeza con una toalla. Un prendedor de mi madre fijado en el centro del turbante me sirvió de rubí. Me miré en el espejo.
-Listo.

Monday, September 08, 2008

Fragmento de SOCIEDAD DUNWICH

Cuando llegué a casa, encontré un telegrama debajo de la puerta. Contemplé la anacronía del artefacto. Sobre un papel pesado, palpable, en letra de teletipo había cuatro líneas.
Sociedad Dunwich.
Jueves, 8 de octubre, medianoche.
El Faro Extraviado.
Incinere esta invitación.
Me preparé un café y subí a mi dormitorio. Volví a leer el mensaje. No tenía remitente ni especificaba quién lo había enviado. Me fijé en la fecha. Mañana era el 8. Prendí la tele. Estaban dando Hellboy. Ya la había visto varias veces, pero la dejé puesta. Encendí mi notebook y revisé mi correo. Nada. Recorrí los sitios habituales antes de meterme a Google a buscar “sociedad dunwich”. No encontré nada específico aparte de la mención de una ciudad medieval y un cuento de Lovecraft. Sin darme por vencido, busqué “faro extraviado”. Inicialmente fue desalentador, no hallaba nada concreto. Ya había anochecido cuando dí con un foro sobre ciencias ocultas en la vena de Cornelio Agrippa y Aleister Crowley. Un forero chileno, anónimo, había dejado un mensaje en el que hacía referencia a un faro abandonado, que era un misterio, que no se encontraba en la costa, sino en la cordillera, que alguien lo había construido en una pendiente... que decían por ahí que se llamaba El Faro Extraviado. La única pista sobre la ubicación de la torre se encontraba en la descripción de un río curiosamente llamado Ogth; un caudal en el Cajón del Maipo que había sucumbido a la sequía.
Era tarde. Fui al baño. Le prendí fuego al telegrama y tiré la cadena. Apagué todo y me dormí.
No amanecí. Dormí el resto de la noche y pasé el día de largo. No soñé nada. Cuando desperté el sol se estaba poniendo. Me quedé sentado en la cama. Mirando la pared. La noche se precipitó. Mientras aguardaba, la ciudad comenzó a temblar. Mi cama se corrió unos centímetros. Me quedé inmóvil. Las tablas del piso no dejaban de crujir. Las ventanas se empañaron y las sombras se ennegrecieron. Hacía frío... respiraba con dificultad. De pronto, en la densidad del momento, me llegó un instante de lucidez, me vestí y escapé de mi casa.
La ruta hacia el Cajón fue extraña. Santiago estaba silenciosa, lenta... la gente parecía transitar en un estupor, como si una neblina venenosa y espesa los hubiese aturdido. Me acordé de las nieblas mutantes del cine, siempre eran verdes, salían de algún pantano... tenían voluntad propia. Al alejarme de la ciudad, el camino se puso angosto y oscuro, serpenteaba entre árboles negros, las nubes ocultaban los astros. Seguí por casi una hora hasta dar con una señalización hechiza que marcaba el camino hacia el río Ogth. Era un camino de tierra, mi avance era lento, las luces de mi auto comenzaron a fallar. Parpadeaban en la noche. Me detuve en una curva para revisar las lámparas. No había caso, por mucho que las ajustara, no paraban de destellar. Escaneé el entorno como si fuera a encontrar ayuda entre las montañas. Fue en ese momento que lejos, entre la niebla, pude divisar una luz débil y desdibujada que pulsaba en la noche. Era el faro...
Imagen: Ken Garduno

Wednesday, September 03, 2008

[the archives]: Interrogación

Ayer Peter Lorre me confesó que es un programador clandestino para la IBM. No me quiere divulgar más, sin embargo, sé que está involucrado en algo siniestro… algo que nos afectará a todos. Cuando se cansa de mis preguntas, Peter insiste en llamarme Flash Gordon y me pide que le diga Emperador. Lo dice con tanta sinceridad… a veces la mirada se le pierde en los párpados. Anoche lo mantuvimos despierto con luces de alta potencia y un vinilo de Queen. Hoy volveré a presionarlo. Sólo es cuestión de tiempo, nuestros métodos lograrán deteriorar su voluntad. Debo irme… él me espera.

Wednesday, August 20, 2008

El austriaco en Cornell

Dicen que cuando Wittgenstein visitó la Universidad de Cornell en octubre de 1949, dejó oculto un “objeto” en el campus, que lo colocó en algún lugar entre el campanario y la biblioteca. Con el paso de los años, la historia se convirtió en una suerte de leyenda y rito de iniciación. Cada otoño un grupo de novatos sale en busca del aquel “objeto”. Quizás lo más absurdo del acto es que nadie sabe con certeza qué es un “objeto” según el austriaco. A mi me tocó participar en la búsqueda del 2002. Esa noche me separé del grupo. Bajé unos escalones de piedra que no daban a ningún lado. Cerca de un desagüe, hallé algo... la luz y las sombras huían del objeto. No digo más, no porque no quiera, sino porque no soy capaz de articularlo. Le he dado innumerables vueltas al asunto...

Tuesday, August 05, 2008

[the archives]: Fragmentos de celuloide

Pequeño Jimmy, desde su casa, en este preciso instante: El zumbido de las hélices no me distraen del juego. Diminutas criaturas atari se reflejan en mis ojos. No pienso soltar el joystick. Mis viejos se acercan a la ventana. Mamá entra en pánico. Llora.
Capitán Sterling, piloteando, observa desde la cabina, ocho segundos después: Se asoma la ciudad. Hemos ensayado este momento tantas veces. Ya deben saber que venimos. Nos escuchan. Pronto sonarán las sirenas. Ya no importa... es demasiado tarde. No podré dormir por semanas después de esto. No quedará nada... nadie.
Sobreviviente amnésico, entre la ruinas, veinte días más tarde: Sopla una brisa agradable. Pienso en zombies y en la Cosa del Pantano. No sé por qué. Agarro mi bolso y comienzo a caminar. Vuelvo la vista por última vez. No creo que regrese. Semanas buscando sobrevivientes y nada. Quizás quede alguien en el sur...

Saturday, August 02, 2008

Hallow

Anoche la mujer soñó con un bosque.
Al amanecer no la pudieron despertar, pero un vestigio del sueño quedó grabado en su retina.
Ahora su cadáver está en la morgue.
Inicio la autopsia.
Acercó el endoscopio a su ojo muerto.
Observo el bosque en la retina.
Una sombra se asoma entre los árboles...
Viene hacia mí.
Ya no podré alejarme.

Sunday, July 27, 2008

[the archives]: Zombie Boy

Mi sobrino es un zombie. Me toca cuidarlo los jueves; mi hermana trabaja hasta tarde ese día. La vez pasada llegó con el ojo colgando de la cavidad ocular. Se lo reinserté con una cuchara. Le gustan los ravioles de seso. Cuando tiene hambre empieza a gruñir con fuerza. Si no hay ravioles de seso se pone agresivo. Por suerte está pasando por esa etapa en que los niños pierden sus dientes de leche. A veces, para que se calme, dejo que me masque el cuero cabelludo con las encías.
Otra cosa: Me gusta hacer carreras con él.
Gano. Siempre.
No obstante, considerando su condición, mi sobrino posee cierta velocidad. Si existieran olimpiadas para zombies, lo inscribiría y lo haría participar.

Imagen: Zombie Boy, Darren Elwell

Saturday, July 19, 2008

[the archives]: Estreno

Cuando la ciudad remeció con el terremoto del ‘85, todos los espectadores abandonaron las salas de cine. En una, el reel siguió proyectándose. Yo me quedé sentado en mi butaca. En la pantalla destellaban parpadeos del futuro.
Vi la caída del viejo. Vi como destruían esas torres allá en el país del norte. Vi mi cadáver a la deriva, congelado en un témpano azulino. Vi las batallas por el territorio antártico, convertido en el último continente verde. Vi los refugiados…
Me aburrí y abandoné el cine.
Me dirigí a casa. En las calles había llantos y caos. El terremoto no decepcionó. Quise comprar una Coca en un almacén. Me corrieron. Me dijeron que no joda con cosas así en momentos como este. Encontré una bicicleta tirada sobre el asfalto en el cruce de Tobalaba con Pocuro. Me subí y pedaleé alrededor de la cuadra unas cuantas veces. El tiempo estaba agradable.

Wednesday, July 16, 2008

The Bends

A veces llegan tormentas sin viento. La nieve cae fuerte, pero los impactos son silenciosos, delicados... siniestros. La noche me despierta y me asomo por la ventana, observo la nevazón, es espectral... como ver una película muda. Pienso que la nieve acumulada absorbe los sonidos, incluyendo aquellas frecuencias que ignoramos. Recién cuando se ausentan, comprendemos que alguna vez estuvieron presentes. Es como un síndrome bends sónico. Ya no oigo el soplido de mis respiros en mi cráneo. La blancura es hambrienta, lo oblitera todo... sin rastros. Quizás por eso no siento los pasos que se aproximan.

Thursday, July 10, 2008

Lo que subyace

Creo que tenía 11 años cuando conocí a Daniel Johnston. Vivíamos en la misma vecindad, su casa estaba a un par de cuadras de la mía. Yo andaba en bici. Daniel estaba acostado en el centro de la calle, vestido entero de blanco, bocabajo, había desplazado la tapa de una alcantarilla e insertado la cabeza. Me detuve. Dejé la bici tirada sobre la acera. Al acercarme oí una voz angelical, preciosa, entonando una melodía que me era sumamente familiar. Lo extraño es que también era ajena... inescrutable. Desde la alcantarilla pude discernir partes de su canción. Estaba poblada de referencias a personajes como Capitán América, Gasparín y Superman.
Pasan los minutos, sopla un viento cálido y silencioso... Daniel deja de cantar y se pone de pie. Tiene la ropa mugrienta, cubierta de pedacitos de asfalto. Aclaro la garganta. Me ve. La curiosidad me supera.
—Ehm... hola.
No responde, pero sonríe.
—...
—¿Por qué le cantabas al alcantarillado?
—No.
—¿No?
—No.
—...
— No le cantaba al alcantarillado.
—¿Cómo es eso?
—Es que allá abajo reside el Mal... mis amigos y yo somos el Bien. En eso estaba, enviando mis amigos a combatir contra las fuerzas malignas... es que ellos son los superhéroes del Bien... ¿entiendes?
—...
Daniel vuelve a sonreir y se retira. Yo quedo solo. Permanezco un rato. Las sombras se alargan.
Antes de regresar a casa, me asomo al abismo.

Friday, July 04, 2008

[the archives]: 1983: la habitación de un niño película.

Mamá cierra el libro. Me gustan los cuentos de los hermanos Grimm. Me tapa con mi manta de Super Friends, me besa la frente, me dice -te quiero- apaga la luz y se retira. Deja la puerta de mi pieza entreabierta. Escucho la voz de Papá. Suena cansado. La luz del pasillo se apaga y se van a acostar. Acomodo mi almohada y me quedo mirando la lamparita de seguridad enchufada cerca de la puerta. El rostro diminuto e iluminado de mister Magoo me tranquiliza y me duermo.
Despierto. Una luz silenciosa penetra la ventana de mi dormitorio. Es intensa... fría, antiséptica. Me escondo debajo de las sábanas. Trato de quedarme inmóvil. Aguanto la respiración. Me pica el ojo. No quiero rascarme. Pasa un minuto. Silencio. Quietud. Lentamente arrugo las sábanas y me asomo. La luz sigue ahí. Mi muñeco de Skeletor pasa flotando hasta chocar contra la ventana. Es seguido por una pelota de nerf, Boba Fett, un Rubik´s Cube, mi Slinky... Me da risa. Salgo de la cama. Salto, tratando de alcanzar mi juguetes. Quiero flotar como ellos. Acerco mi balde de legos a la ventana y me subo.
Cierro los ojos, giro el seguro y la abro...
[end scene 23:57:01]

Imagen: Sean Kernan

Sunday, June 29, 2008

Epílogo

Se supone que en la sombra del mundo no queda nadie, que las bases cerraron y que todos regresaron al continente durante los meses de invierno, durante la noche interminable... Pero yo permanezco. Trataron de convencerme, dijeron que si me quedaba iba a perder la cordura, aislado, sin compañía, en la oscuridad y el frío. No hice caso. Es que sé algo... algo que los demás ignoran. Sé que ellos jamás regresarán, que nadie más volverá a pisar el fin del mundo. A veces cuestiono mi decisión. Pienso que hubiese sido más fácil seguirlos, entregarme a un fin veloz, sin dolor. Pero cuando ocurra todo, yo seguiré en este lugar. Seré el último. Pasarán las semanas y las latas yacerán vacías. No intentaré alargar el asunto. Caminaré hacia la colinas negras hasta que no dé más.

Saturday, June 28, 2008

[the archives]: Epileptic radiation

Llego a la intersección arrastrando una pala. El sol se pone y los vecinos me espían desde las ventanas. Avanzo sin titubear. En las retinas suburbanas permanece un resplandor televisivo. El ruido del acero contra el pavimento atrae a un perro. Olfatea el metal y se aleja. Se queda mirándome desde la otra esquina. Cruzo la acera y el césped envuelve mis pies descalzos. En el horizonte aparece una nube negra, se contorsiona y se precipita hacia el suburbio. Llueve. Suelto la pala. Caigo a tierra.
Respiro.
Respiro.
Respiro.
Estoy bocarriba. El rugido del público me invade. Las luces del escenario descienden sobre mi. El ritmo del bajo vibra en mi pecho. Me oriento. Reconozco las primeras notas de la guitarra... She's Lost Control. Me pongo de pie, otro rugido del público, me paso la mano por la cara y tomo el micrófono, agitando mis brazos como un robot furioso.


Imagen: Joy Division Subdivision, Whorenun

Wednesday, June 25, 2008

Cielos siberianos

La familia llevaba ocho meses en Siberia. Él dijo que quería alejarse, que el mundo estaba enfermo, que quedaba poco... Ella no estaba tan segura, sabía que sus hijos pasarían hambre... más que nada temía la soledad. Tomaron un tren hacia el oriente, llegaron a un pueblo sin nombre y se subieron a un camión que transportaba ovejas. Después de casi dos días, se bajaron cerca de un bosque. Siguieron a pie. Una semana. Estaba por anochecer cuando dieron con la cabaña abandonada. Ahí se quedarían. Pasaron los meses. No trajeron calendario.
Un día ella amanece y él ha desaparecido. Los catres de los niños están vacíos. Hay un silencio inquietante. Los pájaros han callado. Sale al frío. Sabe que debería llamarlos, pero teme escuchar su voz. Una ráfaga sacude los árboles. Una sombra cubre la tierra.
Titubea antes de alzar la vista.

Wednesday, June 18, 2008

[the archives]: Luchador

Imagen ©2001Teresa Villegas
Todos los jueves El Santo manejaba su Cadillac blanco hasta Ciudad Juárez para regalar biblias. Un 8 de octubre viaja solo por un camino rural. Es tarde. La radio transmite un cover estilo ranchera de Karma Police. La penumbra en el oeste se está desvaneciendo. En el páramo la noche se precipita, la oscuridad lo envuelve todo y desciende un silencio aberrante. Sobre el manubrio aparece una luz. Se mueve rápida. Demasiado rápida. Cruza el cielo. Alarmado, frena de golpe. Las biblias se caen del asiento trasero al piso del auto. Se baja del Cadillac. Ahora son tres… cuatro luces. Vienen hacia él. Aterrizan. Salen de las naves. Sus rostros diminutos se contorsionan con odio y venganza.
El Santo se ajusta la máscara, se arranca la camisa y flexiona los brazos. Esta noche no sucumbirá. Esta noche es invencible.

Sunday, June 15, 2008

Yellow Peril Paranoia Bogart

El chino decía venir de Manchuria, que descendía de una estirpe noble y mística. Me gustaba entrar a su tienda de curiosidades. Al empujar la puerta siempre sonaba una campanita aguda y me envolvía un aroma hipnotizador que emanaba de su pipa de opio. Dentro de la tienda mal iluminada y saturada de humo, el viejo vendía objetos y artefactos exóticos: la garra disecada de un mono, un set de cajas chinas, un frasco con un feto flotando en formaldehído, las supuestas plumas de un dragón oriental, el espermio de un panda, una bola de cristal y, sobre el mostrador, un bogart. Este último fue el que más me atrajo. No medía más de quince centímetros. El chino lo había colocado dentro de una caja de zapatos, dijo que lo había rescatado del interior de una vieja tele Sony. El bogart estaba bien vestido y, al parecer, sano y bien alimentado. Le ofrecí la totalidad de mi mesada por el pequeño hombre. El viejo se resistió, dijo que yo era demasiado joven para semejante responsabilidad, que ser dueño de un bogart no era cosa de niños. Insistí. Le agregué mi reloj Casio digital al botín y reiteré mi oferta. El viejo mordió su pipa, afiló los ojos, y aceptó.
Feliz por mi adquisición, tomé la caja y me dirigí a la salida. Sonó la campanita. Antes de que la puerta cerrara tras mío, escuche al chino susurrar una advertencia. No entendí bien, pero logré discernir cuatro palabras: luz, agua, comida y medianoche.

Tuesday, June 10, 2008

[the archives]: Insert Coin

Estoy en una galería de juegos electrónicos de la calle San Diego. Es de noche. Tarde. Los demás locales han cerrado. Mi mano derecha se aferra al control, el índice izquierdo se apoya en el botón de plástico amarillo. Juego a través de mi reflejo en la pantalla. Meto otra ficha. No puedo detenerme. Lágrimas se deslizan por mis mejillas. Deseo la muerte, pero la máquina no me suelta. Mientras tanto, en las sombras más desoladas de mi mente, diminutos invasores holográficos destruyen mi voluntad.

Sunday, June 08, 2008

1982

Esa noche salí por la ventana y descendí por el roble que crece a un costado de nuestra casa. Mientras bajaba, mi pijama se enganchó en una rama. Quedé suspendido por unos segundos hasta que el género se rajó. Caí de bruces. El pasto me amortiguó. Sabía que bajo otras circunstancias Mamá se enojaría por las manchas verdes que quedaron en las rodillas del pijama. Volví a enfocarme. Corrí por las aceras hasta llegar a las orillas del pueblo. Empecé a ascender la colina. No fue fácil. Me resbalaba con frecuencia. Seguí por un par de horas. Los suburbios se alejaron. Desde mi perspectiva las redes de calles y luces parecían una maqueta salida de una película de Spielberg o de aquel sobrevuelo nocturno que precede los estrenos de HBO.
Me senté sobre una roca blanca y observé el cielo estrellado. Después de un rato miré mi reloj. Quedaba poco.
El apagón llegó con puntualidad. Volví a alzar la vista. Antes de que pasara el minuto, vi que se aproximaban. Venían a gran velocidad. Eran cuatro... cinco misiles. Al avanzar, la propulsión dejaba una estela de humo blanco. Pensé en lo lindo que se veían las líneas que trazaban por el cielo, era un descenso parabólico... sincronizado... patriótico.
Cierro los puños.
Estallan. Siento calor... sonrío. Me golpea la onda de choque. Una muralla de fuego vuela hacia mí.

Thursday, June 05, 2008

The American

James desea abandonar el granero, pero no se atreve. Se esconde detrás de un tractor y pasa la noche sobre unos sacos de arpillera. Hace frío. Sueña con su hermanita... en la profundidad de la noche escucha el repique de una campana escolar. Su cuerpo tiembla en la oscuridad.
Amanece. Se acerca a la salida del granero. El horizonte está manchado. Un humo apestoso se filtra por la tierra y flota sobre las colinas. Descansa la mirada en una ciénaga. Sus dedos juegan distraídamente con un soldadito de plástico que encuentra en su bolsillo.
Cruza el umbral y se aleja. Al descender, no deja de mirar por sobre su hombro.

Wednesday, June 04, 2008

de nuevo